No al divorcio

no al divorcio

El divorcio representa un rompimiento con la creación, es una acción retrograda.

Las consecuencias personales y sociales de los rompimientos familiares son cada día más evidentes: dolor, depresión, problemas sicológicos, problemas con los hijos, pérdidas económicas; induce a los jóvenes a las drogas, pandillas, violencia, promiscuidad sexual, suicidios, homicidios delitos contra la propiedad, pérdida de valores, etc.

Malaquías 2:16 Porque yo detesto el divorcio–dice el SEÑOR, Dios de Israel–y al que cubre de iniquidad su vestidura–dice el SEÑOR de los ejércitos–. Prestad atención, pues, a vuestro espíritu y no seáis desleales.

El Dios que creo al ser humano y lo hizo a su imagen y semejanza dice que EL detesta el divorcio. Es decir, que EL no autoriza el divorcio bajo ninguna circunstancia, porque justamente va contra el principio de la creación. Divorcio significa destrucción, disolver, separar, apartar, romper algo que estaba hecho. 

El divorcio no es necesario en la mayoría de los casos.

La mejor forma de evitarlo es: PREVENIRLO

La dirección de Dios como Soberano Diseñador y Creador del Universo y del Ser humano, da la instrucción clara y directa para toda la humanidad. El divorcio no está contemplado en los planes de Dios. Por lo tanto, el divorcio es una flagrante violación a los principios establecidos por EL y eso tiene sus consecuencias.

Enseñanza de Jesucristo sobre el divorcio: Mateo 19:3-9: Y se acercaron a EL algunos fariseos para probarle diciendo: ¿Es lícito a un hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo? Y respondiendo les dijo: ¿No habéis leído que aquel que los creó, desde el principio los hizo varón y hembra, y añadió: “Por esta razón dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”? Por consiguiente ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe. Ellos le dijeron: Entonces ¿Por qué mandó Moisés darle carta de divorcio y repudiarla? El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón, Moisés os permitió divorciaros de vuestras mujeres; pero no ha sido así desde el principio. Y yo os digo que cualquiera que se divorcie de su mujer, salvo por fornicación, y se case con otra, comete adulterio. 

Muchos nos dicen: “¿pero entonces tengo que vivir atado(a) a una persona que no amo y ser infeliz toda mi vida?” Esa no es la actitud que Dios estaba pensando cuando prohibió el divorcio. La respuesta de Dios es permitir que haya una restauración. Si es posible volver a amar y aprender a ser mejores esposos. ¿Cómo? Hablaremos de esto en las próximas enseñanzas semanales.

Tu matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios te ha dado. CUÍDALO!

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