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El futuro nos espera: Dejemos atrás lo que ya pasó

¡El futuro nos espera: Dejemos atrás lo que ya pasó!

Según estudios científicos, todos los seres humanos somos marcados emocionalmente desde el vientre de la madre por la manera en que fuimos engendrados; cómo vivió nuestra madre el proceso del embarazo, a qué emociones o traumas estuvo expuesta; cómo fue el nacimiento; cómo fue el hogar en el que comenzó a formarse nuestro carácter; cuál fue nuestra cultura predominante; cómo vivimos la infancia, qué problemas tuvimos que enfrentar en la escuela, cómo fue nuestra adolescencia, etc.

Las fracturas emocionales de los primeros doce años de vida son generalmente las más influyentes en el corazón de las personas. En este proceso se pueden generar raíces de amargura, votos internos y traumas que establecen patrones de pensamiento y de comportamiento.

También durante la vida nos vemos expuestos a sufrir cargas emocionales por circunstancias que enfrentamos y por malas decisiones que tomamos. Esas cargas emocionales pueden ser traumáticas y afectan nuestro comportamiento en el diario vivir. Puede haber en nuestra mente información que nos estanca y nos paraliza.

¿Hay cargas emocionales en tu corazón? ¿Tienes pensamientos que te vienen con frecuencia y te roban el gozo?

Filipenses 3:12-14 nos recuerda que no es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, seguimos adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús nos alcanzó. Hermanos, no pensamos que nosotros mismos lo hayamos logrado ya. Más bien, una cosa hacemos: olvidando lo que queda atrás y esforzándonos por alcanzar lo que está delante, seguimos avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús.

La instrucción bíblica es olvidar, es decir, consciente e intencionalmente desenfocarnos del pasado y enfocarnos en lo que está adelante. Es tomar la decisión firme de no pensar en el pasado y forzar el pensamiento en el futuro, en los planes de Dios para nuestra vida. Es un hábito que debemos desarrollar. Y muchas veces necesitamos la ayuda de personas maduras espiritualmente para lograr formar este hábito en nuestras vidas.

Dios tiene una meta y un premio maravilloso para todos aquellos que deciden vivir como sus hijos mediante el llamado en Cristo Jesús. Dios quiere que avancemos hacia adelante. No quiere que nos quedemos estancados mirando hacia atrás y lamentándonos por las consecuencias o circunstancias del pasado.

Santiago 5:16 nos dice: “Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz.”

A algunas personas les resulta muy difícil dejar de pensar en las heridas recibidas y se mantienen amargadas y sufriendo mucho. En este caso, la recomendación es: habla con un líder espiritual de tu mismo género, ábrele tu corazón, expresa el dolor que sientes, para que seas ministrado y puedas desconectarte del resentimiento y la culpabilidad mediante el perdón.

Tu familia necesita que te enfoques hacia adelante, que vivas los principios bíblicos de vida hoy; para que mañana coseches el fruto de tu buena siembra. No hablen más del pasado. Ejerciten conversaciones enfocadas en los planes de Dios para sus vidas, lo que pueden hacer para honrar y servir a Dios, y cómo ganar el premio más importante de nuestra existencia.

¿Qué planes crees tú que tiene Dios para ti y para tu familia? Profetiza los planes de Dios para ustedes. Basa tus profecías en el propósito de Dios para tu familia.

Tu matrimonio y familia son el tesoro más valioso que Dios te ha dado ¡CUÍDALO!

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