Es un sentimiento o estado mental muy común, en el cual existe dolor, tristeza o disgusto por no poseer uno mismo lo que tiene otra persona; sea en bienes, cualidades, éxitos, etc. Puede ser leve o intensa, simple o compleja, consciente o inconsciente.
Se origina en la codicia. Frustración por lo que otros tienen, o por el cariño o estima que otros disfrutan. Es una obra de la carne que se manifiesta cuando una persona hace juicio y habla mal de otras personas. Y su sufrimiento condiciona enormemente su personalidad, su estilo de vida y su felicidad. Se llama Envidia.
Se siente secretamente mucho rencor contra las personas que poseen algo (belleza, dinero, sexo, éxito, poder, libertad, amor, personalidad, experiencia, felicidad…). Así, en vez de aceptar sus carencias o realizar sus deseos, el envidioso simplemente odia y desearía «destruir» a toda persona que, como un espejo, le recuerda su privación.
Por ejemplo, si tú eres de las personas que critican, murmuran, sientes desdén y rechazo por otras personas que realmente no te han hecho nada, es muy probable que haya envidia en tu corazón. Otras manifestaciones de envidia son: agresiones, dominio, represión, humor negro, rivalidad, difamación, venganzas, etc.
A escala individual, la envidia suele formar parte de muchos trastornos psicológicos (complejos, ansiedades, depresiones, malos tratos…). En las relaciones personales, familiares y de pareja, está involucrada en muchos conflictos y rupturas.
Job 5:2 “Es cierto que al necio lo mata la ira, Y al codicioso lo consume la envidia.” La envidia saca a la luz el lado más oscuro y tenebroso del ser humano, que no es solo la falta de amor a uno mismo, sino que constata una de las verdades más incómodas de la humanidad: la condena al talento y al éxito ajenos.
Es más fácil canalizar la frustración hacia el juicio y la crítica que el hecho de reconocer nuestro complejo de baja autoestima o amor propio, por no haber logrado una meta en su vida.
Santiago 4:2 Codiciáis y no tenéis; matáis y ardéis de envidia y nada podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis. La envidia, bloquea las bendiciones de Dios. Muchas personas oran y diezman y le piden a Dios, pero no reciben nada, no logran sus sueños, porque sufren secretamente de algún nivel de envidia.
La verdad es que todos los seres humanos tenemos algún tipo de envidia, pero si la sometemos a nuestra obediencia a los principios bíblicos, no tendrá ningún efecto en nuestra vida.
Aceptarnos como somos, y comenzar a desarrollar nuestra estima en función de nuestra identidad de hijos de Dios y de nuestros dones y talentos, nos puede conducir a construir nuestro propio destino exitoso sin envidiar el de otros.
1 Corintios 13:4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no se envanece. 1 Pedro 2:1 Desechad, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias y toda maledicencia.
Pídele perdón a Dios por haber permitido pensamientos y juicios envidiosos contra otras personas. Comienza a enfocarte más en los propósitos de Dios para tu vida y tu familia.
Mira tú jardín, lo que Dios te ha dado, tu familia, todas las bendiciones de Dios en tu vida, y deja de mirar el jardín de tu vecino, a menos que sea para felicitarlo y bendecirlo.
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