La montaña del conflicto en el matrimonio

La montaña del conflicto en el matrimonio

Un conflicto es una situación que puede generar angustia y trastornos neuróticos.

En el matrimonio, los conflictos pueden crecer hasta convertirse en una montaña que desconecta a los cónyuges y produce una separación emocional destructiva para la familia.

Los conflictos entre seres humanos son completamente normales, ya que pensamos de manera diferente y venimos de sistemas de creencias distintos, en algunos casos muy diferentes. Estas diferencias no siempre se detectan durante el noviazgo, sino generalmente cuando la relación ya está avanzada.

Los conflictos más intensos se producen cuando tenemos deseos exagerados de algo, lo que se convierte en una exigencia y provoca estrés en nuestra pareja. Los conflictos que surgen por deseos o necesidades insatisfechas y que se reclaman con exigencia, en vez de resolver la situación, la agravan.

Por ejemplo, cuando una persona se aferra a una actividad porque le va bien y es exitosa. El éxito en alguna cosa puede provocar un deseo de permanecer mucho en esa actividad que genera sensación de logro. Esta tendencia es más frecuente en los hombres.

Entonces, la pareja se siente desplazada y exige su «derecho» a tener más tiempo y atención de su cónyuge. La exigencia de ese derecho provoca estrés en la relación y un conflicto que, si no se resuelve pronto, puede dañar gravemente el matrimonio.

Cuando alguna necesidad o deseo no son satisfechos, la persona ofendida puede asumir una actitud de juez y parte para castigar al ofensor con herramientas de castigo que cada quien diseña y usa. Algunas personas castigan con gritos y ofensas, y otras con indiferencia y frialdad.

Los deseos o necesidades insatisfechas tienen el potencial de arraigarse en el corazón y convertirse en una obsesión que puede controlar la vida de una persona, generando amargura y deseo de venganza. Frecuentemente se usan como arma para manipular al cónyuge.

Si experimentas una necesidad o un deseo insatisfecho por parte de tu pareja y ella no quiere hablar al respecto, te enfrentas a una decisión sumamente importante: confiar en Dios y buscar tu satisfacción en Él, pidiéndole que te ayude a seguir creciendo y madurando sin importar lo que haga tu cónyuge, o seguir pensando obsesivamente en tu decepción y amargar tu vida.

Salmos 73:25-26 dice: «¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre».

Descansa en Dios y confía en Él. No exijas tus derechos, necesidades o deseos. Simplemente da lo mejor de ti y confía en la promesa de Dios: «Todo lo que siembres, cosecharás en su tiempo» (Gálatas 6:7).

Nunca permitas que los conflictos se acumulen en tu corazón y se conviertan en una montaña invencible. Siéntate a conversar con tu cónyuge sin exigirle nada, simplemente déjale saber cómo te sientes respecto a alguna necesidad o deseo. No lo hagas constantemente.

Si tu cónyuge no hace nada, no te obsesiones con el pensamiento, simplemente ora y confía en el Señor. No asumas ninguna actitud de venganza. Sigue haciendo tu parte con tu pareja como Dios lo espera de ti. Eventualmente, recuérdale a tu cónyuge sobre el tema, pero siempre con amor.

Tarde o temprano, en algún momento, recibirás la recompensa de tu obediencia a Dios.

Tu matrimonio y familia son el tesoro más valioso que Dios te ha dado ¡CUÍDALO!

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