En el matrimonio, asumir puede ser una práctica peligrosa que genera problemas innecesarios. En lugar de asumir, asegúrate de comunicarte con la actitud correcta. La falta de una buena comunicación puede llevar a malentendidos y conflictos que podrían dañar la relación.
Muchas veces, asumimos que nuestro cónyuge está molesto con nosotros por señales mal interpretadas. Un ejemplo común es cuando preparamos algo especial para nuestra pareja y, sin saberlo, no es lo que necesitan en ese momento. Esto puede llevar a malentendidos y malestar en la relación.
Es importante recordar que la comunicación es clave en cualquier relación. En lugar de asumir lo peor, es fundamental hablar abiertamente con tu pareja. Expresar tus sentimientos y preocupaciones de manera respetuosa puede evitar conflictos innecesarios y fortalecer la conexión entre ustedes.
En el diario vivir, se presentan muchas oportunidades para asumir algo equivocado y generar un desacuerdo o un mal entendido. Lo peligroso es que si ese matrimonio está un poco débil en su relación, entonces se puede provocar un problema aun mayor y podrían terminar en una discusión agresiva que va a dañar aún más la relación.
En Filipenses 4:8 se nos insta a pensar en lo verdadero, honesto, justo, puro y amable. Esta enseñanza nos invita a asumir lo mejor de nuestra pareja y a enfocarnos en sus cualidades positivas en lugar de sus defectos.
En cada circunstancia con tu cónyuge, no asumas que tu cónyuge te está mintiendo, no asumas que tu cónyuge te quiere hacer daño, no asumas que tu cónyuge se está aprovechando de ti, no asumas que tu cónyuge no te ama o no quiere estar contigo . Piensa más bien en todas las cosas buenas de tu cónyuge; sus buenas acciones, sus demostraciones de cariño y amor, aunque hayan sido pocas. Piensa en los dones y talentos de tu cónyuge, en vez de en sus defectos. Y si tienes dudas, no asumas lo malo. Busca un momento oportuno cuando los dos estén calmados y solos y ábrele tu corazón. Exprésale lo que sientes, sin reclamar ni asumir , ni juzgar a tu cónyuge. Simplemente déjale saber cómo te sientes con respecto a alguna situación que ha pasado. Esta conversación debe tener el propósito de fortalecer la relación, no de dañarla. Esta actitud debe convertirse en un hábito de vida en el matrimonio.
Colosenses 3:12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Es necesario también vestirse de humildad, de mansedumbre, de paciencia, para no presionar ni exasperar a tu cónyuge, sino que él o ella, pueda percibir una actitud en ti, que le va a permitir abrir también su corazón, reconocer los errores y pedir perdón para restaurar la relación . Cualquiera de nosotros que es confrontado(a) con una actitud de bondad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia, de seguro vamos a reaccionar positivamente; y esa es precisamente la idea, que podamos sentir la confianza de decir la verdad de lo que sentimos, sin correr el riesgo de ser juzgados, acusados o heridos. Si has sido muy crítico(a) con tu cónyuge, si has asumido cosas negativas, o si has pensado negativamente de él o ella, reconócelo delante de Dios primero y luego reconócelo de lante de tu cónyuge y pídele perdón específicamente por esa actitud. Pon en práctica el mandamiento de Colosenses 3:12, sé humilde y habla con tu cónyuge de este tema, con esa actitud de bondad, de mansedumbre y paciencia, ocúpate en sembrar en tu pareja con la mejor actitud y pronto estarás cosechando lo mejor de él o ella.
¡Tu matrimonio y tu familia son el tesoro más valioso que Dios te ha dado, CUÍDALO!
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