La felicidad en el matrimonio

La felicidad en el matrimonio no es un derecho, es el fruto o consecuencia de una actitud de obediencia.

 Galatas 5:22-25 Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. 

Hemos escuchado un dicho muy común que dice: “tengo derecho a ser feliz”. Pero en realidad la felicidad verdadera no es un derecho. Es un fruto o consecuencia de una vida espiritual. Cuando alguien dice que tiene derecho a ser feliz, es una creencia generada por una actitud egoísta que quiere disfrutar de un placer humano aún a costa del sufrimiento de otros. Pero esa felicidad en realidad se convierte en una utopía, imposible de alcanzar. Puede que se logren momentos de placer, pero tarde o temprano las consecuencias de una decisión egoísta van a alcanzar a esa persona y entonces sufrirá las consecuencias.

La verdadera felicidad se manifiesta cuando vivimos en amor, con paz, con gozo que es alegría, alcanzamos tener la paciencia necesaria, nos llenamos de bondad, de fe y mansedumbre y logramos el dominio propio. De acuerdo a la escritura mencionada en Gal 5:22-25, todas esas virtudes las experimentamos como un fruto del Espíritu, o sea como la consecuencia de una verdadera vida espiritual.

Hay personas que dicen: lo que pasa es que se me acabó el amor, ya no siento nada por mi cónyuge, y tengo derecho a ser feliz. Este tipo de personas nunca conocerán la verdadera felicidad porque están enfocados en si mismos, pensando en su propia felicidad sin importar los sentimientos y las necesidades de las personas a su alrededor, empezando por su cónyuge y sus hijos. 

En el libro de I de Corintios capitulo 13, verso 4, la escritura nos enseña que el verdadero amor es “sufrido”, es “paciente”. El amor verdadero en realidad no se acaba, porque esta en función de las otras personas y no de si mismos. Amar es una decisión que en realidad significa servir, atender y procurar el bien de otra persona, entonces cuando decidimos amar a nuestro cónyuge, no necesariamente vamos a sentir una emoción o sentimiento de amor, sino que lo vamos a hacer aún con sacrificio y paciencia.

Lo mas maravilloso y espectacular en función del diseño de Dios, con respecto a la decisión de amar a otra persona, es que esa siembra de amor sacrificial dará un fruto de felicidad verdadera, por cuanto se esta haciendo en obediencia a la instrucción de Dios, nuestro Padre Celestial y en consecuencia es una decisión de obediencia espiritual que traerá fruto de amor, paz, gozo, etc, etc. Y el amor sentimental y emocional volverá a sentirse en la relación. Recuerda que el fruto se obtiene poco a poco, es un proceso. Ten paciencia y lo recibirás a su tiempo.

Toma hoy la decisión de fortalecer tu vida espiritual y la decisión de amar a tu cónyuge a la manera de Dios. Entonces disfrutarás de la felicidad verdadera!

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